
Para Rafael Tovar y de Teresa 1910 es un año representativo “porque nos referimos al inicio de la Revolución Mexicana, y en la otra cara de la moneda, era el último año de un gobierno que había estado 30 años en el poder”
México. 03 Marzo 2011.- Para Rafael Tovar y de Teresa 1910 es un año representativo “porque nos referimos al inicio de la Revolución Mexicana, y en la otra cara de la moneda, era el último año de un gobierno que había estado 30 años en el poder”. Sí, efectivamente se refiere al gobierno de Porfirio Díaz, concretamente a ese último año en que el General, ya con 80 años de edad, se fijó objetivos claros para celebrar el Centenario de la Independencia de México, tema que aborda El último brindis de Don Porfirio, en el que Tovar y de Teresa, a través de una investigación histórica, contextualiza al lector en aquel memorable 1910.
Sobre la investigación, el autor explica en entrevista con Estilo Político que para entender este 1910 se volcó a realizar “una crónica de la vida social, política y cultural” del país “que diera cuenta del contexto en el cual se organizaron y se desarrollaron las llamadas fiestas de la independencia; es decir, no era un momento más de la historia de México, era un momento en el que Porfirio Díaz , después de 30 años, tiene objetivos muy claros y ve que las fiestas del Centenario pueden ser un elemento muy importante para cumplir tres objetivos fundamentales.”
Respecto del primer objetivo, el escritor señala que se trataba de “mostrar a México como un país serio, como un país digno que tiene derecho a pertenecer a la comunidad internacional, pues nuestro país en el siglo XIX es caótico, un siglo en el que hubo dos invasiones, levantamientos y que prácticamente no tuvo un momento de estabilidad política, un siglo en el que el país no construyó ningún tipo de infraestructura, y después de treinta años de estabilidad y crecimiento económico que le otorga el gobierno de Díaz, se daban las condiciones para mostrar ejemplos de ello”.
De acuerdo al autor, “el segundo objetivo de Díaz era enseñar que México tenía un programa de modernización y crecimiento, bajo el lema “paz, orden y progreso”. Muestra de ello es que durante las fiestas del Centenario se inaugurarían obras de infraestructura representativas, incluso en el mes de septiembre prácticamente todos los días se inauguró una obra; así, “comienza con la inauguración de La Castañeda, hospital para los enfermos mentales y va a pasar por la inauguración del Palacio de Comunicaciones, el Palacio de Bellas Artes, no se concluye pero es una obra importante de esos años, las obras de saneamiento del agua del Valle de México, la creación del Museo Nacional de Historia, Arqueología y Etnografía, las estaciones sismológicas, hasta figuras emblemáticas, cívicas-históricas como es la Columna de la Independencia y el Hemiciclo a Juárez o la creación de instituciones como la Universidad Nacional. Cerca de 1500 obras, exactamente 1418”.
Entonces, en aquel 1910, el camino estaba muy claro, enfatizó Rafael Tovar y de Teresa, pues de ese modo “México tenía ejemplos para mostrar que existía un país en un proceso de crecimiento y con un proyecto que iba hacia delante”.
Y, finalmente, el tercer objetivo era “coser todas las medidas históricas que se habían dado durante el siglo XIX en la que Porfirio Díaz se colocaba como el último eslabón de estos personajes que idearon el México independiente”. De esta manera, con objetivos tan claros, se crean las condiciones para que “el programa sea muy exitoso; tiene herramientas, responde a disposición de las distintas instituciones que participan y los operadores son muy eficientes”.
“Las principales instituciones que participan en esto es la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes, es decir, la de educación pública que está a cargo nada más y nada menos que de Justo Sierra; Relaciones Exteriores a cargo de Enrique Creel, pero el que realmente es el operador de las festividades es el subsecretario Federico Gamboa; por su puesto, además, está la Secretaría de Hacienda que es la que provee los recursos, de Limantour, institución que desde 1893, es decir, siete años antes, había estabilizado ya la situación nacional para poder proveer de recursos”, añade el autor.
Y continúa, “de tal modo que todo el aparato se inclina a este esfuerzo colectivo que no nada más busca celebrar adentro, para los mexicanos, sino mostrarlo e invitar a participar a la comunidad internacional; para eso vienen 28 delegaciones de los principales países del mundo… no solamente era un asunto de mostrar lo que se había hecho en un asunto digamos de glamour, buscaba encontrar nuevos inversionistas para el país y que la inversión extranjera no siguiera concentrándose en manos americanas.”
Pero el autor explica también el contexto ciudadano, “hacia adentro hay un verdadero ánimo colectivo, de tal modo que ese ánimo festivo está todo el año, se intensifica en el mes de septiembre y no solamente se concentra en la ciudad de México, sino en toda la república, de tal modo que todos los estados participan, hacen sus propias actividades, desde sus municipios… toda la gente adorna sus calles, sus casas…”.
Sin embargo, Tovar y de Teresa advierte una gran paradoja, pues en medio de estos festejos ¿cómo es que se gestan los antecedentes en este mismo 1910 de una revolución? “Yo creo que Porfirio Díaz es un personaje lleno de claroscuros, contradicciones… en el libro pongo la información sobre la mesa para que cada quien saque sus propias conclusiones. Díaz es un personaje que se ha aferrado al poder, que durante treinta años ha anquilosado todos los mecanismos políticos, en donde no se da el principio por el cual él llegó a la presidencia en su primer periodo, la no reelección, entonces para 1910 ya no es efectivo”, aunado a ello, “no ve las desigualdades sociales que se dan como una nueva clase media emergente, elemento que también va acotando sus posibilidades de desarrollo; además de una clase política que en toda la república reproduce el esquema de longevidad en el poder, por ejemplo, los gobernadores que llevan entre 20 y 30 años en el poder; todo esto se suma.”
Pero, ¿qué papel juega la entrevista de Creelman y Estados Unidos en la ya cercana revolución? Tovar y de Teresa precisa que la entrevista de Creelman es importantísima, pues en ella lo que Díaz dice es que el país está listo para unas elecciones, y él para entregar el poder al nuevo presidente que salga de las elecciones, a dar su consejo y a apoyarlo, obviamente le toma la palabra Madero y por eso escribe La sucesión presidencial. Pero a los pocos días, Porfirio Díaz se arrepiente y se convierte ya en un problema, esto que había despertado enormes inquietudes y ya deseosos de que las cosas tomaran otro camino, la entrevista es un parteaguas en el final de los años de Díaz.
Y respecto de Estados Unidos el autor expone “es un país con el que Porfirio Díaz en los primeros años de su gobierno tiene una relación estrecha, pero conforme pasó el tiempo, Porfirio Díaz observa que quieren ellos apoderarse del espacio de la inversión extranjera en México, que era enormemente necesaria para poder desarrollar al país. Cuando se nacionalizan los ferrocarriles en 1907 esto ya es un primer golpe para los Estados Unidos, cuando Díaz apoya al presidente nicaragüense, es otro. Esto va creando distancia, cuando los americanos ven que empiezan los ingleses a meterse en el ferrocarril; en el petróleo, sobre todo las compañías inglesas, entonces el vecino del norte ve que Díaz ya no es el socio ideal”.
“En ese momento empiezan a ver ya con cautela la relación con Díaz al punto de que cuando Madero se va a Estados Unidos en Octubre de 1910, dejan que ya una serie de grupos revolucionarios envíen armas a México a pesar que el gobierno de Díaz pide que no lo hagan. De tal manera, que se va creando una distancia, y bueno ya no digamos la presencia del embajador Lane Wilson, lo que provocó después, ya con el famoso pacto de la embajada, el hecho del asesinato de Madero”, agrega.
Después de la investigación realizada por Rafael Tovar y de Teresa, él mismo ve a Porfirio Díaz como un personaje que en el siglo XIX “participa en casi todos los hechos importantes, su vida misma está ligada a todos los movimientos históricos; nace nueve años después de que la Independencia se consumase, 1930; es un joven cuando la guerra de intervención americana o la revolución de Ayutla; es un liberal por las causas juaristas; es un héroe de las batallas intervencionistas, participa en los movimientos anti reeleccionistas de los años 70´s. Hay muchos Porfirio Díaz, uno es el Díaz de los primeros gobiernos, otro el de los últimos años, otro el que nos han enseñado hasta la década de los ochenta del siglo XX y otro es un Porfirio Díaz que yo creo empieza a verse con otros ojos, con un contexto más amplio porque que no se puede encasillar en dos o tres palabras…”
Los festejos del Bicentenario (2010)
Cuestionado sobre su opinión respecto de los festejos del Bicentenario, el ex coordinador de la Comisión Organizadora de la Conmemoración del Bicentenario del Inicio del Movimiento de Independencia Nacional y del Centenario del Inicio de la Revolución Mexicana, cargo al que renunció en 2008, respondió: “yo creo que en 1910 hubo una visión integral, que contempló el festejo pero que también contempló la conmemoración, se creó la condición para que 1910 fuese un “parteaguas”, para ver el país de cerca y ahí están las obras de infraestructura ahí están a la vista de todos los habitantes de la ciudad y las localidades. En 2010 terminará el año y quedará el recuerdo de imágenes muy luminosas del zócalo o donde hayan sido los festejos, pero no se dio la reflexión colectiva que el país necesitaba y más en este momento, una reflexión que nos permita desarrollar una agenda para el siglo XXI; ahí están los temas: educación, salud, medio ambiente; y no sólo no se dio la reflexión si no el encontrar las propuestas, el encontrar el ánimo político que nos llevara a ver adelante. Se logró lo más efímero de una acción colectiva”.
“En 1910 era una fiesta que podía aglutinar a todos, en esta época se trataba de una fiesta de todos los mexicanos, de todos los colores políticos, de todas las regiones, y con todas las visiones sobre el México. En noviembre de 2007 yo presente un programa que tenía cuatro líneas eran: memoria, es decir hacer la reflexión histórica de todos los hechos históricos y hacer saber lo que se estaba festejando, la segunda era la diversidad, reconocer que no puede haber una visión única de México, la tercera era la creatividad, es decir que todos estos 200 años se plasmaban en obras, creaciones culturales artísticas, y finalmente, la línea de tiempo que no era ver la historia y celebrar lo que fue, si no tratar de visualizar lo que vendría hacia adelante. ¿Qué paso? La historia lo dirá…”, añadió.
El último brindis de Don Porfirio, 1910: los festejos del Centenario está ilustrado con fotografías, muchas de ellas inéditas, así como algunos documentos como la carta en que el personaje de la historia declaró amor a su después esposa Carmen Romero de Rubio, mejor conocida como Doña Carmelita.
CON INFORMACIÓN DE CINTHIA ARCHIUNDIA
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