
El corazón es, pues, un amante entusiasta de la vida pletórica de vigor y empuje. Da todo a cambio de que no le resten flexibilidad y holgura a las avenidas por donde hace transitar la sangre
Saúl López de la Torre
“Un mundo, un hogar, un corazón”, es el lema del Día Mundial del Corazón, que hoy, 29 de septiembre, por undécima vez, se celebra en 180 países, con el propósito de incrementar los cuidados de esa bomba vital y poderosísima que late unas cien mil veces al día para irrigar con el equivalente de unos diez mil litros de sangre oxigenada hasta el último resquicio de nuestro cuerpo. El corazón está dotado de fuerte musculatura, cavernas, válvulas y ánimo indomeñable: puede latir cien años sin descansar un segundo, combinando velocidades de vértigo con ritmos pausados, la euforia con el sosiego, los sentimientos de amor con el desencanto, la melancolía y el odio pernicioso. Su maquinaria espléndida está conectada a una ramazón de arterias y venas por las que lleva y trae la sangre por todo el microcosmos corporal, reciclándola y oxigenándonos continuamente.
El corazón es, pues, un amante entusiasta de la vida pletórica de vigor y empuje. Da todo a cambio de que no le resten flexibilidad y holgura a las avenidas por donde hace transitar la sangre. Por ello, es partidario de la actividad física, de las reuniones alegres de los seres que se aman o comparten ideas y anhelos, de la ingesta balanceada y en dosis moderadas de cereales, carne magra, pescado, frutas, verduras, buen vino, whisky o tequila; y mantiene desacuerdos irreconciliables con la pereza, el estrés, el tabaco y la grasa perniciosa de la comida chatarra, las fritangas, los refrescos, los embutidos y los antojitos elaborados con harinas refinadas y azúcar.
Cuando el cuerpo bien alimentado se ejercita por medio de caminatas, o desplazándose con la fuerza de los brazos en una silla de ruedas, si no pudiese caminar; o paseando en bicicleta, nadando, retozando con su pareja, con los hijos, con los amigos o el perro, el corazón bombea sangre límpida con mucho entusiasmo y eficacia, como los albañiles o los jornaleros que desempeñan su rudo trabajo tarareando canciones románticas. Entonces, el torrente sanguíneo fluye como un río caudaloso por un laberinto de arterias y venas, haciéndolas flexibles, ensanchando su diámetro; y toda la estructura corporal se oxigena y el cerebro oxigenado irradia sosiego, aniquila el estrés.
Pero, si se la pasa cuajado frente a la computadora o la tele, usando el carro hasta para ir a la tienda de la esquina y es gordo, glotón y malhumorado, entonces será candidato a padecer enfermedades cardiovasculares, como el infarto al miocardio y el accidente cerebro-vascular o ictus, las más mortíferas del mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, juntas estas fallas cardiacas asesinan a 17.3 millones de personas al año, es decir, el 29 por ciento de todas las muertes humanas que anualmente acontecen en el planeta.
La Federación Mundial del Corazón estima que al menos 80 por ciento de las muertes prematuras ocasionadas por una enfermedad cardiaca o un accidente cerebro-vascular podrían evitarse controlando los principales factores de riesgo: tabaquismo, dieta poco saludable y la inactividad física. Y pide a la gente “que se haga cargo de la salud cardiovascular de sus hogares eligiendo comida saludable, incrementando la actividad física y diciendo no al tabaco”.
Entre las distintas dolencias cardiovasculares, uno de cada diez fallecimientos que se producen a nivel mundial se debe a un infarto agudo de miocardio. El síntoma recurrente de un infarto de este tipo es el dolor torácico. Un dolor opresivo e intenso que en la mayoría de los casos se da en el centro del tórax, en la zona de la corbata, “como si te reventaran por dentro de un hachazo seco y te arrancaran las muelas sin anestesia, a cincelazos o con un berbiquí, provocándote una ola de dolor que se expande del pecho a las mandíbulas”, al decir de algunos afortunados que han sobrevivido a la experiencia.
El doctor Guillermo Ceballos Reyes, presidente de la Asociación Mexicana para la Prevención de la Aterosclerosis y sus Complicaciones (AMPAC), afirma que en México esta enfermedad mata a 140 mil personas al año, y que los mexicanos somos el número uno de niños y el dos, muy cerca del uno, de los adultos obesos del mundo.
Al referirse a la obesidad entre la población infantil, el doctor Ceballos indica que se debe actuar de inmediato para detener esta enfermedad. “Esto no admite retrasos porque estamos empezando veinte años tarde. Y es muy posible que por primera vez en México se dé un retroceso en la esperanza de vida de diez o quince años entre los niños con sobrepeso y obesidad. Los hijos van a vivir menos que los padres. Se juntarán dos generaciones de enfermos y se colapsarán todas las instituciones de salud”.
Mientras transcribo los datos que inducen a celebrar el Día Mundial del Corazón y al llamado enérgico del doctor Ceballos, imagino los hospitales de todo el país repletos de moribundos mal atendidos porque no habrá enfermeras, médicos, medicinas, quirófanos y camas suficientes; y a muchos enfermos diseminados en sus casas, en la cola de una lista infinita o no cuantificados.
Imagino también a los padres enterrando a sus hijos... y procedo a ponerle punto final a mi texto. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
SAÚL LÓPEZ DE LA TORRE
FUENTE: CRONICA.COM.MX
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